jueves, 30 de diciembre de 2010

Hipocresía Chilensis


El fin del año 2010 demuestra ser, para Chile, tiempo de gran tensión y animosidad entre los viejos estereotipos conservador-religiosos y, por otra parte, los que no vacilan al autodenominarse “liberales con conciencia social”. Temas de hoy son la ley de aborto terapéutico, pedofilia en el clero y las declaraciones de Ximena Ossandón, ex-vicepresidenta de la Junji.

A propósito de estas recientes pugnas entre sectores que se gritan, pero que no son capaces de comunicarse, se pone de relieve la hipocresía patognómica de este país.
Con respecto al aborto, la pedofilia en el clero y Ximena Ossandón, pareciera que los “tolerantes” se pelean con su opuesto, los “intolerantes”. Cada lado, por supuesto, es dueño de la tolerancia. Lo que toma un poco de esfuerzo, es entender que aquí todos toleramos lo que supuestamente nos repugna.

Quienes abogan por una legalización del aborto, toleramos lo que consideramos autoritarismo. ¿De qué manera? Por omisión. Esperamos pasivamente que nos entreguen nuestro derecho a decidir. Como si el poder político no tuviera costo, como si se regalara. Nadie aborta abiertamente, ni se asocia para adquirir peso político ante decisiones que le conciernen. Por otra parte, “en la otra esquina”, los que condenan la ley de aborto terapéutico no denuncian a nadie por abortar; saben que en Chile se aborta cotidianamente y ninguno de los Poderes del Estado hace nada al respecto. Tampoco, por supuesto, se hacen cargo de quienes dicen querer proteger. Ellos también toleran lo que dicen condenar.

En el caso de la pedofilia en la Iglesia, lo mismo. Esto no es nuevo. Quienes decimos aborrecerlo estamos más preocupados de argumentar una posición ética, que de desbaratar a fuerza de lobby los muros de contención puestos por la Iglesia. Por supuesto, una posición ética es inargumentable fuera de su propia lógica, pero nos encanta ver quién grita más fuerte. La Iglesia, por otro lado, parece hacer vista gorda, porque cualquier institución con tal historia y cantidad de incidencias aberrantes debiera priorizar activamente una solución radical al problema que tiñe a la institución de una incongruencia violenta y detestable. Aquí, en realidad, no hay disputa, todos nos toleramos en la realidad más allá del discurso, aunque nos saquemos la madre. Estamos todos coludidos en menoscabo de las futuras víctimas de pedofilia clerical. ¿O acaso por arte de magia o derecho canónico no habrá más abuso sexual ni encubrimiento por parte del clero?


El caso de las declaraciones de Ximena Ossandón, finalmente, es el más notable en términos de esta hipocresía chilena. Todo el mundo se escandaliza porque Ossandón twittea que su paga es “reguleque”. ¿A alguien le cabía alguna duda sobre cómo esta mujer calificaría su sueldo? Por supuesto que para ella es “reguleque”. Todos sabemos que, mientras la inmensa mayoría de los chilenos vive con menos de un décimo del sueldo que recibe Ossandón, hay, del otro lado de la ciudad, un segmento mucho más acaudalado, pero mucho más pequeño, que opina lo mismo que la ex-vicepresidenta de la Junji. Todos toleramos esto y nadie anda perdiendo la cordura.

No obstante esta tolerancia ante el estado de cosas, lo que moviliza, lo que hace noticia, lo que convoca a la opinión pública, nunca son estas realidades que conocemos y que decimos odiar. Lo que hiere nuestra sensibilidad no es la brecha entre los estratos socioeconómicos, ni la realidad del aborto en Chile, ni la absoluta pasividad y desorganización ante una la Iglesia, que lleva siglos resistiendo hábilmente a una escrutinio por parte de la sociedad civil y el Estado.

Pero nos escandalizamos y decidimos manifestar nuestra rabia cuando se devela que en Chile se puede hacer de todo, pero está prohibido decirlo, no se puede hacer proselitismo del status quo (claro, mostramos la hilacha). Puede haber una brecha distributiva ridículamente polarizada, pero se nos paran los pelos cuando Ximena Ossandón dice que tres millones es un sueldo mediocre. En este sentido también, se puede abortar, se puede y se hace, pero no abiertamente ni mucho menos legislar en la materia. Y por último, la Iglesia seguirá, no me cabe la menor duda, amparando a psicópatas, pero, como incluso los más acérrimos rebeldes chilenos no quieren perder el podio y actuar, no es lícito que la sociedad civil ni el estado ataquen y sancionen a la institución de la Iglesia.

Cometemos el error de suponer que aquí hay, al discutir, dos sectores opuestos, disociados. Este supuesto es de sesgo ideológico por excelencia, decidimos plantear el problema como una pugna entre dos sectores opuestos. La verdad de las cosas es que Chile es uno solo y en él, se puede hacer de todo, todo se tolera. Lo único que no se tolera, es que aparezca alguien que diga algo que evidencie la realidad nacional, como Ossandón. El que ose a mostrarnos aquella realidad cuya responsabilidad queremos eludir, se transforma en paria. Karadima, Ossandón, la Iglesia y el percentil de millonarios pueden quedarse tal cual donde está, hacer lo que hacen, pensar lo que piensan, violar lo que violan, pero nunca, ni siquiera bajo el pretexto de la espontaneidad, pueden decir algo que resuene a verdad. Eso no se perdona, a ése lo linchamos en la plaza.

jueves, 21 de octubre de 2010

Yourself & The Boat

Cuando chico navegábamos, con mi viejo, tenía un yate. El "Pregón", se llamaba el Doufour de 32 pies. Y se llamaba así, porque los primeros dueños tenían apellidos que empezaban con "pre" y con "gon" (seguro que había un González, pero del otro no me acuerdo nica). Era un yate viejo, medio guatón. Andaba lento, pero era cómodo. Así salíamos de la cofradía, con cortavientos puestos y sentido de importancia. Cuando la suerte me favorecía, mi viejo me dejaba avisar la salida por radio: "Cofradía, cofradía, aquí Pregón..." Me encantaba, me creía la muerte.

Había poco que hablar ya embarcados, estábamos todos siempre atentos al debido proceso: cazar la vela, agacharse al virar (o simplemente disfrutar de la proa)... en fin, había que saber lo que se estaba haciendo. Y es que, o se era marinero o polizonte. Léase: se trabajaba o se tomaba solcito... como las minas. De cualquier forma, mi viejo-capitán siempre repitió algo que quedó como principio de nuestras operaciones en el yate. Y lo decía en inglés, porque... no sé por qué, pero lo decía en inglés. "One hand for the boat and one for yourself". Lo recuerdo muy nítidamente. La idea es que no porque había que trabajar, se prescindía de la seguridad necesaria para no caerse al agua. Nada de chistoso hubiese sido que la botabara te diera de lleno en los dientes y te mandara de un salto hacia las sirenas.

Y anoche pensaba en la ética, porque en eso me paso, aparentemente (ya poh, pelao, cuál es el punto). El punto es que aquella mano, aquella hand que atiende el barco, es igual de fundamental que la que te sostiene para no caerte. Y hay que admirar la inteligencia del dicho si lo extrapolamos al diálogo.

Diría: "one mind for the boat, one for yourself". Cuánto se parece a la ética psicoanalítica. Porque es una ética en la que el entendimiento del otro no sirve para nada si no se tiene en mente la mente propia. Hay que saber de cuánto son los lentes que uno tiene puestos, cuán ciego está uno y cuánto quisiera estarlo. "One mind for the other - entonces -, one for yourself". Y es que en la sesión no se puede restar la presencia del analista si no se sabe en qué consiste más o menos esa presencia. Y para la vida cotidiana, más vale asumir la responsabilidad propia, que evitarla. Porque lo que se dice, a ver, siempre dice más de uno que del que uno tiene en frente.

Quizá es justamente aquí, donde se puede construir un valor de una psicología. Para cualquier efecto, conviene saber que antes de siquiera mirar al otro, es más valioso conocer desde donde se mira. Y es que se trata de asumir las responsabilidad del enunciador, más allá del enunciado y gracias al enunciado. El reconocimiento de ese límite entre el que dice y lo que se dice, abre la posibilidad de una prioridad cuidadosa y nunca pretenciosa (boastful, es la mejor palabra), en tanto espontánea: es el sujeto en su singularidad y es, en efecto, reflejo de una ética. Y es que es imposible no tener una ética, aunque es perfectamente posible - y frecuente - no asumirla tras el discurso. De eso estamos hechos. Me cuesta pensar en esto, porque... me cuesta pensar esto.

martes, 12 de octubre de 2010

Duerme ahora en el fuego

Escrita por Rage Against the Machine, traducida por este peshito:

DUERME AHORA EN EL FUEGO

El mundo es mi gasto, el costo de mi deseo
Jesús me bendijo con su futuro y yo lo protejo con fuego
Así que alza tus puños y marcha por ahí, pero no tomes lo que necesitas
Encarcelaré y enterraré a los comprometidos y ahogaré al resto en codicia
Gatea conmigo hacia el futuro o te arrastro hasta tu tumba
Estoy dentro de tus hijos, te traicionarán en nombre mío.

¡Hey, Hey, Duerme ahora en el fuego!

La mentira es mi gasto, el alcance de mi deseo
El Partido me bendijo con su futuro y yo lo protejo con fuego.
Yo soy La Niña, La Pinta, La Santa María
La horca, el violador, el terrateniente que vigila
Los agentes de naranjo, los sacerdotes de Hiroshima
El costo de mi deseo, duerme ahora en el fuego.

Porque es el fin de la historia,
Está enjaulada y congelada.
No hay otra píldora que tomar
Así que traga aquella que te hace enfermar.

martes, 5 de octubre de 2010

Ello y mi Cuerpo

Me gusta esto.
Esto que se plastifica, barniza, se destruye y edifica
Otra vez.

Esto que se quiere secar hay que mojarlo un poquito.
Y esto que se quiere mojar como greda hay que dejarlo tranquilito.
Y esto que se quiere soldar como fierro es sospechoso, mijito.

Y eso que la carne de mi cuerpo no se gasta como tapiz.
Pero sí se puede quebrar en tu boca.
Sí se puede mezclar con las rocas,
Así me escupes hecho cicatriz.

jueves, 19 de agosto de 2010

turututú-parapapá: ¿Dónde está el Poder? Una crítica a la cosmovisión economicista

Pensaba escribir esto a mano, a ver si me salía como realmente es. No pasa nada, le pedí el notebook a la petiza, me la ganó la muleta tecnológica.

¿Qué es esto? Esto es un intento de explicación plausible a lo que mi interlocutor y yo hemos discutido desde que el tiempo es tiempo. Se me acusa de personalizar al poder, de imprimirle intención humana a lo que no es más que una abstracción; es ridículo hablar de un ejercicio de poder, de "los poderes". Es, en la opinión de mi interlocutor, ridículo usar un parámetro descriptivo desligado de alguna materialidad, como lo es el poder, para referir la realidad. Extremando su opinión, el "poder" es nada más que un verbo, una palabra, un concepto y, por tanto, inefectual. Y es ridículo porque es inoperativo, no porque sí. Es decir, OK, las "cosas" pueden ser así, pero esa lógica no sirve para tomar decisiones en la realidad fáctica.

Queda así entendido, que el problema es la definición de poder. Porque para mí, el concepto de poder sí es operativo y siempre, sin excepción, hay intencionalidad, hay acto de enunciación tras un enunciado. Para aclarar entonces; poder, abstracto, sí, pero sólo en el sentido que liga al concepto con un objeto de la realidad fáctica. Es decir, el poder no es empírico, como lo puede llegar a ser el capital, para el argumento economicista. Ahora: el poder, tiene efectos, y ésos sí son empíricos. También, y más importante, a partir de los patrones que estos efectos presentan, es perfectamente posible pensar en términos estructurales e incluso predecir eventos de la realidad fáctica. Ésta es la razón que valida el poder como posible parámetro operativo de la descripción de la realidad. Como consecuencia, sí sirve para tomar decisiones en la realidad concreta.

La siguiente pregunta es obvia. ¿Por qué? ¿Por qué es necesario, siquiera deseable utilizar el poder como parámetro descriptivo y decisivo? Es simple. Porque conlleva posibilidad de una ética particular, si se quiere, la ética de la justicia (que de pasadita, debiera ser el determinante de la ley y no al revés). Esto, porque en términos de una organización social, la justicia no es otra cosa que distribución. Y no es posible refutar una postura ética sin plantear otra, porque el juicio de valor no permite respuesta con un juicio de hecho. Todo argumento o descripción conlleva un enunciador y una ética. Si yo digo, "la violencia es mala", mi ética concibe a un positivo: lo bueno, lo deseable que, en este caso, es la paz. Y no es necesario que lo grite sobre una tarima, basta con que mi actuar lo refleje, consciente o inconscientemente. Mi argumento o descripción tiene una direccionalidad, quiere algo, porque sale de boca (o actuar) humana. Pero bueno.

Entonces: ¿dónde está el poder? En el discurso. En todo discurso. En el discurso y por vía del discurso se efectúa el poder. ¿Cómo? Con la capacidad coercitiva que tiene. Un ejemplo... bueno, cómo te gusta ponerme en aprietos. Marilyn Manson dio uno bueno. "Si no te lavas los dientes, vas a tener mal aliento y no te vas a coger a ninguna mina". Los comerciales de pasta dental no dicen eso, pero sí, lo dicen por todos lados. Hoy vi un literal "Aféitate y salgo contigo" en un paradero. Por eso que cuando queda una cagada, como la de los mineros atrapados, lo que se dice es lo importante. Lo que se dice es sólo la parte empírica del discurso, eso sí, pero sirve si uno mira con cuidado. Así como la palabra de un padre puede pesar más que la de un extraño, hay lugares (y tiempos) de enunciación no empíricos que efectúan más en la realidad concreta, que otros. El lugar que ocupa este sujeto hipotético, humano, volitivo, es un punto en una estructura discursiva y no su manifestación empírica más usual (mucho más usual). En el discurso cristiano empírico, el pobre ocupa un punto de privilegio ante Dios. Desde ahí, no obstante, su enunciación es absolutamente inefectual en términos relativos, al lado del Cardenal en la empiria cotidiana. Y la organización social es eso, tanto o más de lo que es cuerpo material, es discurso y cuerpo.

Entonces yo pregunto: ¿Cuál es la ética del argumento economicista? Yo creo que es la de la perpetuación del estado de cosas. Todos los caminos llegan a Roma: concedo hipotéticamente que la economía conduce hasta el capitalismo. Aún cuando esto fuera cierto, el argumento economicista no pretende cambios estructurales, porque no quiere, porque es más caro y por tanto menos beneficioso que la estaticidad, para la gente. ¿Cuál es la dirección de este discurso en la realidad concreta, el objetivo no empírico?: La estaticidad esctructural. Los países crecen, por supuesto, pero la relación entre los elementos permanece igual o aún progresivamente polarizante en términos de distribución material. Ésta es la paradoja inescapable de la cultura, pero hay formas y hay grados, así como decisiones que tomar. Lo que está, entonces, está para quedarse. Y esta ética instituye una moral que se utiliza de soporte para el discurso. Y es moral que el discurso empírico viene, justamente, a velar. Así, están disociados causa y efecto. Por un lado está la causa no-empírica; por otro, el efecto empírico que, al no develar una causa en el mismo plano de abstracción, coexiste paradojicamente con una discordancia ética y distributiva.

El poder retrata otra estructura a la hora de describir y operativizar la realidad. Por supuesto, otra posibilidad ética, que requiere admitir que hay una intencionalidad humana detrás del discurso, si hablamos de efectos en la realidad concreta. La relación entre poder y realidad fáctica es abtracta como concepto, pero perfectamente empírica y operativizable, también. Por eso existe el Márketing, porque funciona.

Así, suejtos humanos se unifican en el discurso, ahí se encuentran y desde ahí ejecutan, sin necesidad de juntarse en la realidad concreta (pese a que esto ocurre), ni de "tomar un café". El ideal (que, por supuesto, porta una ética) es el lugar de encuentro, lugar que no es físico, pero norma. Y esa norma guía la acción fáctica hacia el ideal, es el tao de esa ética, que es ética porque implica también, al otro. Llevando esto hasta el extremo más concreto: si mi cosmovisión no porta la posibilidad de alterar la realidad en términos distributivos, mi ética, desprendida de mi ideal, porta el siguiente imperativo: "sostén este discurso, pues con él podrás perpetuarte, permanecer donde estás". Así veo al psicoanálisis, lo hacemos sabiendo que, si acaso es posible encontrar en él una ética, una teleología, es la inversa a la estaticidad, a la perpetuación del estado de cosas. A mi modo de ver, la ética que se puede desprender del psicoanálisis es la del deseo, de la metonimia, del deslizamiento, del avance. La estaticidad, la inercia, el retorno de lo igual, son patrimonio de Tánatos, de la pulsión de muerte. ¿No es tan tirado de las mechas, o sí?

jueves, 29 de julio de 2010

La madre de todos los pecados

La esencia del Otro es no poder ser sabido, creo, ¿no? Estas formas de objetos que suben al lugar del Otro SON siempre, quiero decir, al Otro hay que ponerle objeto. Lo que quiero decir con esto es que este lugar, significante por excelencia, en el que se erigen sentidos, también se cristalizan sentidos. El instituyente se torna instituido y deja de significar, deja de dejarse simbolizar, se imaginariza, se torna escultura ahí (a veces bella), donde una vez hubo soporte discursivo, imagen donde una vez, míticamente, hubo palabra y vacancia. Muere la posibilidad de dialectizar algo. Y es porque en la esfera de lo social, lo que no entra en interjuego con lo inistituido, con el Amo, simplemente no entra en juego, incluido el Amo que empieza, desde un primer momento, a comer de su propia carne. Ahora, cuando el esclavo se torna Amo, no hay ya más metonimia para él, no hay más falta en ese lugar, por lo que el imperativo en la punta de la pirámide es el de la perpetuación. No hay otro imperativo, otra ética, otro deber, que el de permanecer si ya se está. Y permanecer implica aplacar toda resistencia posible que amenace con simbolizar (o, aquí, simplemente leer) aquello que no quiere más que permanecer. Ésta es la ética del poder: la de permanecer, la de perpetuar-se. Y no "perpetuarse", solamente, porque en una estructura no basta con apuntalarse uno mismo, hay que apuntalar y cercar la estructura entera.

En todas las épocas, hay uno que otro objeto que vela esta falta en lo simbólico, pero no cualquiera, uno de privilegio social, ¿no? Y con social, para el minucioso, hablo de aquel que encuentra, vía cultura, su lugar en las manos de un poder social concreto. El lugar del saber que se sobrevende al analista en un análisis tiene su homólogo, transferencial también, en la ideología. También en el encuadre de lo cultural hay un lugar de saber reservado para el que sepa ocuparlo, contra el cual los discursos subjetivos especularizan, se miden, se agreden, se prohiben y se prescriben, en fin, se cruzan y se subsumen. Pretender heroicamente someter este lugar (en lo social, no lo analítico) a una ética de la norma, es imposible, pues él mismo la norma. Esto no es nada nuevo, bah, todos saben que la ética que se instituye se moraliza por regla. Ética instituida es, sin lugar a dudas, moral. Y el valor que tiene la norma para el discurso del poder es, sin lugar a dudas, moralizante, así decidimos qué queda dentro y qué queda fuera. ¿A qué ética se puede someter este lugar de saber ocupado por un objeto? A la ética de sí mismo, no. Este lugar crea para sí una ética, que al estar donde está es moral. Por lo tanto, nada podría sacar un instituyente sometiendo a la moral a sí misma, es que sería burda tautología, burda ilusión. Otra (con mayúscula) ética será entonces la encargada de destronar la moral. Aquí es donde se pone peliagudo el asunto. ¿Qué ética tiene la capacidad de destronar a otra? Cualquiera. Pero ha de ser una bien preparada, bien entrenada para el combate y, ojo, con filas. Pretender, nada menos, que refundar una ética social, es hoja de doble filo. Porque debe perfilar en sí otro objeto, otro símil de falo imaginario que prometa derrocar y logre el sarcasmo necesario, la ironía necesaria, para hacer pasar su objeto por noble bandera de lucha. "Mirad esto, que es bueno, es más, es mejor que el que ya compraste". ¿El destino de este objeto? El mismo que el del anterior, corromperse, pero con la ironía nos engañamos en esta dicción, a nosotros mismos, digo. Porque no basta con destronar, hay que llenar el vacío que se deja. Esto es historia, hoy la única fórmula es la no-fórmula, ésa es la fórmula post-posmodernismo. Es decir, la única fórmula es cambiar de fórmula, todas son falaces y, ciertamente, expiran. Una sociedad, eso sí, sin este objeto, sin fórmula, es una sociedad ácrata, no es ni siquiera sociedad. Así que allá con los anarquistas.

Queda, entonces, como consecuencia ética y por tanto única, el cambio. El cambio es lo único que se le puede hacer al objeto, que ya no es más significante. Cambio, porque el cambio es ética que, con algo de desenfoque, no se deja moralizar. Si hoy la iglesia (no, no se me pasó la mayúscula) resiste a su propia moral, sería por la misma razón que el presidente de la Corte Suprema no es fácil de enjuiciar. La misma razón que impide que las constituciones se cambien una vez al año, porque una vez que en ella se dicta la ley, el cambio se torna mítico e irrelevante. Se convierte en vara de medir. En otras palabras: ¿con qué medimos la vara? Claro, con otra vara.

Este objeto-iglesia está en manos de una larga cadena de señores (enfatizo el género, no el estrato). ¿Regalaría el objeto que está de tapón invisible del Otro? Lo dudo, no soy capaz de someterme a mi propia ley, porque sé que no resistiría. La ética entonces no está en el objeto (pero los jetones la siguen buscando ahí), está en el cambio, en la metonimia, si se quiere. El constructivismo necesario para esta lógica nos dice que no es demonio ni angel, este objeto, es función. Luego función de poder social. La función "poderna", si se quiere (¿habré inventado algo? dudoso). La ética indica cambiar este objeto, no porque es malo, sino porque aburre. Y el ocio, hijum, es la madre de todos los pecados.

Falta el cómo. A través de la norma como operador lógico, dice Eva Giberti. Veremos.

miércoles, 21 de julio de 2010

Disgregación Teórica

Superman debe cursar un terrible conflicto narcisista. Digo, ¿porque qué le falta? Difusión mediática, seguro que por eso le gusta Luisa. No, pero en serio. Si Superman es un súper hombre, ¿tiene un hiperyó? Porque yo no soy súper y tengo superyó, así que el de él es por lo menos "híper"... supongo. O un réqueteyo. O un megayó.

¿Y qué hay de la elección de objeto para el SM? dejo la pregunta abierta...

O quizás lo súper viene por el lado de un balance dinámico más soportable que el de los meros mortales. Aunque no creo, está bien cagado del casco, como dicen. Y quién no, con esa cantidad de laca...

Seguro que se angustia cuando le falta la kriptonita... lo real de la kriptonita.

lunes, 5 de julio de 2010

El Objetón Recíproco-Imaginario

Si ni te digno con respuesta,
¿para qué sirve ésta?

¿Eres tan falso como yo?
¿Y duro muy poco en la cama o tú te eres ka-ma-ratonista?
Esto no es una competencia, claro, porque tú ganas todas las veces.
¿Te jode que te llore la carta o estás pagando llantos de después?
Después de todo, todo se paga, según Tú.

No sé si me gusta mucho el azúcar o a ti te gusta profetar diabetes.
No sé.

¿No me compartes la verdad?
Dale.


domingo, 4 de julio de 2010

Mambo n° 5

Añádase este quinto principio, el vertebral del resto:

Postura, postura, postura.

lunes, 31 de mayo de 2010

This be the verse


They fuck you up, your mum and dad,
they may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had,
and add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn,
by fools, in old style hats and coats,
who half the time were sorry stern,
and half at one anothers' throats.

Man hands on misery to man,
it broadens like a coastal shelf.
So get out as quickly as you can,
and don't have any kids yourself.

Philip Larkin

miércoles, 26 de mayo de 2010

Y rueda girando

Pequeño poema antiguo al que le rindo tributo hoy yo, arrepentido:


Ellos no saben

Lo que fue antes.

Antes de que dejaras de ponerte roja,

Antes que supieras que eres suficiente.

Antes que hablaras, te movieras, como lo haces hoy.

Como si nada te importara,

Como si yo, yo no te importara.

Y es que tampoco saben

Que no ha pasado un día,

Que no has cambiado nada,

Que todavía me quieres…

Aunque no lo sepas o te empeñes en negarlo.

Importa sólo que yo, yo lo sepa

Para poder recordártelo,

Todas y cada una de las veces

Que me mires.

Se que lo entiendes.

De todas maneras

Si no te acuerdas hoy,

Será, a más tardar,

El día en que te mueras.

Arrepentida.

Funciona

Solía saber lo que funciona. Creo.

Por supuesto que hay cosas que funcionan

Y cosas que no.

Y es que es obvio,

Si tú eres mujer,

Y yo te miro con ojos de intelectual,

Y al mismo tiempo,

De obrero, animal,

O de lo que quieras,

Lo que quisiste y querrás.

Y con todo eso me tienes que querer,

Y es que es obvio,

Tiene que funcionar,

Porque tú eres mujer y yo,

Yo siempre he sabido.

Es que no puedo perder más tiempo.

Lo que funciona, funciona,

Hasta quizás funcione yo…

No (¿Para qué arriesgarme?).

martes, 25 de mayo de 2010

Capaz te da lata si no eres psicóblogo

Para Mario Bunge:
Para los que no saben que Mario Bunge disparó contra la carrera de psicología en la Argentina y, por supuesto, si es de su interés:


Me encanta cuando alguien me da una oportunidad tan linda de rebajarme.

Es increible lo que son las palabras. Dejan y arreglan cagadas, como dijo Said en tan elocuente expresión que leí por ahí. Este Bunge, epistemólogo latero (porque ésa es la verdad, es un latero de mierda), se dedicó a escribir en castellano lo que ya estaba escrito en otros idiomas, por ejemplo, magna recolección wiki, plasmada en su obra de Intro a la Sociología, "El método científico". Es un tremendo aporte, en serio. En fin, cara de raja.

Pero voy a ser justo, el psicoanálisis deja que desear. Todos sabemos eso, hasta los que no saben nada. Teoría, práctica e institución tendrían que dejar qué desear. En sentido metafórico popular y en sentido teórico riguroso, el psicoanálisis tendría que dejar qué desear. Bunge no sabe que Freud le escribió a él también o, más bien, escribió sobre él. Es la figura del "detractor" freudiano, aquel a quien Freud le respondió antes que siquiera hiciera la pregunta. Pero bueno, no es más que mi opinión eso. Me calenté, perdón perdón por la arrogancia, dije que iba a rebajarme.

Ahora, lo notorio es que en su queja histérica, Bunge no hace más que contar su versión de los hechos, pero no ataca con ningún arma nueva al psicoanálisis, sino que ahora a la institución que lo instaura: la carrera de psicología (Ojo, en Argentina... quizá también en la UNAB). Un golpe bien dado. Nada de gil. O no tanto. ¿Y por qué este objeto es digno de su magnánima crítica? Porque no se abandera, como él, en la ciencia. Porque es un abanderado, no una contraparte para el imaginario del intercambio, del diálogo (apuesto a que ni sabe a lo que me refiero). Sí, yo lo ataco a él también, él empezó. Las carreras han de ser científicas. Claro, porque la ciencia es idéntica a su beneficio, seguramente. Y seguramente la retórica que Bunge intenta fallidamente disimular de argumento, es producto de la ciencia también. Es producto de su disidencia, Mario, no de tus ejércitos, esa retórica. Esa muletita que te gusta (...), sin la cual no existes hoy en día. En realidad, Freud te borró de la faz de la tierra a ti, seguro que por eso estás tan enojado.

;)
tomátela (ni mayúscula para vos, pelmazo)

domingo, 25 de abril de 2010

miércoles, 7 de abril de 2010

Guía de Vida para Dummies

Estas leyes representan, sí, políticamente incorrectamente, mis guías, mis pilares que, incidentalmente, son mis más míseros fracasos. Pero las puse por eso, porque ahí donde hubo Ley, estuvo todo OK (¿cachaste que rimó, o no?). Objetos de la a a la d. Puntos en los que me zancadillo y el Incon me da por culo. Pero puntos que son metas, aunque son metas de las más malas, ésas que no se logran nunca. Promesas mentirosas, pero claro, útilmente gozosas. Ahí van.

Ley N°1.- Hay que aprender a callarse la boca. Todos los problemas empiezan con una inocente palabra. Maraca la palabra a veces. Además, para poder escuchar de a de veras, hay que estar callado. El que habla de más es gato solitario, no conoce a nadie.

Ley N°2.- Prepárate, la vida - y particular, particularmente la mujer - te da sorpresas. María Carmen me compró una placa de cerámica amazing, dice: "Qué lindo día que hace hoy, ya verás como viene uno y lo JODE." No, no, también puede ser al revés.

Ley N°3.- Todo se paga, lo que sacas, tienes que meter en espejo y en rewind. La gracia es que en realidad, en el espejo los lados están al revés, así que algo se puede pilotear para ser creativo y verdadero de verdad al mismo tiempo. No hay almuerzos ni tertulias libres de arancel. Los ritos ayudan.

Ley N°4.- Hay que tener una ética. La que sea, pero que sea posta. ¿A mí me estás preguntando? ¿a moi? Hay una cuestión que se llama la ética de la amistad. También me gusta la del cambio. Ésa es la que más me gusta en realidad. Ya lo decía Terry.

martes, 6 de abril de 2010

el que te dije, el microsegundo

Hay un micro segundo antes de decir algo. Un microsegundo que no se dice, pero dictamina lo que se va a decir. Dictaminador no hay sin dictaminado (o “dictaminando”, como podrían llamarlo en la petulancia psicoanalítica), así que no hay más ni menos que dos… por lo menos. En ese sentido uno es hablado, a uno lo hablan. En ese sentido se habla de inconsciente como discurso del Otro, otro poder que descose la brecha entre el ser y el hablar. En ese sentido se puede hablar de Amo, adoctrinador compulsivo e intransigente, culiado insaciable. Y de que el superyó es otro nombre del goce, goce que presentifica una falta de unidad, porque quien habla castiga y castiga desde mí, pero fuera de mi alcance (y ciertamente fuera de mi categoría).

Así que decir, pero decir con culpa, decir y sufrir, en fin, decir es equivalente a problemas, porque dictaminado y dictaminador no existen si se ponen de acuerdo. Y el microsegundo es todo lo necesario para distraerte el tiempo suficiente para hacerte una zancadilla y y ¡fum!, ser hablado por el inconsciente, es más rápido que la cresta. Más rápido sin duda que tú o yo. Así que, en realidad, nunca digo lo que quiero decir. Entonces no puedo ser yo el que dijo lo que dije. Es pura mula, ni quise decir lo que recién dije.