jueves, 19 de agosto de 2010

turututú-parapapá: ¿Dónde está el Poder? Una crítica a la cosmovisión economicista

Pensaba escribir esto a mano, a ver si me salía como realmente es. No pasa nada, le pedí el notebook a la petiza, me la ganó la muleta tecnológica.

¿Qué es esto? Esto es un intento de explicación plausible a lo que mi interlocutor y yo hemos discutido desde que el tiempo es tiempo. Se me acusa de personalizar al poder, de imprimirle intención humana a lo que no es más que una abstracción; es ridículo hablar de un ejercicio de poder, de "los poderes". Es, en la opinión de mi interlocutor, ridículo usar un parámetro descriptivo desligado de alguna materialidad, como lo es el poder, para referir la realidad. Extremando su opinión, el "poder" es nada más que un verbo, una palabra, un concepto y, por tanto, inefectual. Y es ridículo porque es inoperativo, no porque sí. Es decir, OK, las "cosas" pueden ser así, pero esa lógica no sirve para tomar decisiones en la realidad fáctica.

Queda así entendido, que el problema es la definición de poder. Porque para mí, el concepto de poder sí es operativo y siempre, sin excepción, hay intencionalidad, hay acto de enunciación tras un enunciado. Para aclarar entonces; poder, abstracto, sí, pero sólo en el sentido que liga al concepto con un objeto de la realidad fáctica. Es decir, el poder no es empírico, como lo puede llegar a ser el capital, para el argumento economicista. Ahora: el poder, tiene efectos, y ésos sí son empíricos. También, y más importante, a partir de los patrones que estos efectos presentan, es perfectamente posible pensar en términos estructurales e incluso predecir eventos de la realidad fáctica. Ésta es la razón que valida el poder como posible parámetro operativo de la descripción de la realidad. Como consecuencia, sí sirve para tomar decisiones en la realidad concreta.

La siguiente pregunta es obvia. ¿Por qué? ¿Por qué es necesario, siquiera deseable utilizar el poder como parámetro descriptivo y decisivo? Es simple. Porque conlleva posibilidad de una ética particular, si se quiere, la ética de la justicia (que de pasadita, debiera ser el determinante de la ley y no al revés). Esto, porque en términos de una organización social, la justicia no es otra cosa que distribución. Y no es posible refutar una postura ética sin plantear otra, porque el juicio de valor no permite respuesta con un juicio de hecho. Todo argumento o descripción conlleva un enunciador y una ética. Si yo digo, "la violencia es mala", mi ética concibe a un positivo: lo bueno, lo deseable que, en este caso, es la paz. Y no es necesario que lo grite sobre una tarima, basta con que mi actuar lo refleje, consciente o inconscientemente. Mi argumento o descripción tiene una direccionalidad, quiere algo, porque sale de boca (o actuar) humana. Pero bueno.

Entonces: ¿dónde está el poder? En el discurso. En todo discurso. En el discurso y por vía del discurso se efectúa el poder. ¿Cómo? Con la capacidad coercitiva que tiene. Un ejemplo... bueno, cómo te gusta ponerme en aprietos. Marilyn Manson dio uno bueno. "Si no te lavas los dientes, vas a tener mal aliento y no te vas a coger a ninguna mina". Los comerciales de pasta dental no dicen eso, pero sí, lo dicen por todos lados. Hoy vi un literal "Aféitate y salgo contigo" en un paradero. Por eso que cuando queda una cagada, como la de los mineros atrapados, lo que se dice es lo importante. Lo que se dice es sólo la parte empírica del discurso, eso sí, pero sirve si uno mira con cuidado. Así como la palabra de un padre puede pesar más que la de un extraño, hay lugares (y tiempos) de enunciación no empíricos que efectúan más en la realidad concreta, que otros. El lugar que ocupa este sujeto hipotético, humano, volitivo, es un punto en una estructura discursiva y no su manifestación empírica más usual (mucho más usual). En el discurso cristiano empírico, el pobre ocupa un punto de privilegio ante Dios. Desde ahí, no obstante, su enunciación es absolutamente inefectual en términos relativos, al lado del Cardenal en la empiria cotidiana. Y la organización social es eso, tanto o más de lo que es cuerpo material, es discurso y cuerpo.

Entonces yo pregunto: ¿Cuál es la ética del argumento economicista? Yo creo que es la de la perpetuación del estado de cosas. Todos los caminos llegan a Roma: concedo hipotéticamente que la economía conduce hasta el capitalismo. Aún cuando esto fuera cierto, el argumento economicista no pretende cambios estructurales, porque no quiere, porque es más caro y por tanto menos beneficioso que la estaticidad, para la gente. ¿Cuál es la dirección de este discurso en la realidad concreta, el objetivo no empírico?: La estaticidad esctructural. Los países crecen, por supuesto, pero la relación entre los elementos permanece igual o aún progresivamente polarizante en términos de distribución material. Ésta es la paradoja inescapable de la cultura, pero hay formas y hay grados, así como decisiones que tomar. Lo que está, entonces, está para quedarse. Y esta ética instituye una moral que se utiliza de soporte para el discurso. Y es moral que el discurso empírico viene, justamente, a velar. Así, están disociados causa y efecto. Por un lado está la causa no-empírica; por otro, el efecto empírico que, al no develar una causa en el mismo plano de abstracción, coexiste paradojicamente con una discordancia ética y distributiva.

El poder retrata otra estructura a la hora de describir y operativizar la realidad. Por supuesto, otra posibilidad ética, que requiere admitir que hay una intencionalidad humana detrás del discurso, si hablamos de efectos en la realidad concreta. La relación entre poder y realidad fáctica es abtracta como concepto, pero perfectamente empírica y operativizable, también. Por eso existe el Márketing, porque funciona.

Así, suejtos humanos se unifican en el discurso, ahí se encuentran y desde ahí ejecutan, sin necesidad de juntarse en la realidad concreta (pese a que esto ocurre), ni de "tomar un café". El ideal (que, por supuesto, porta una ética) es el lugar de encuentro, lugar que no es físico, pero norma. Y esa norma guía la acción fáctica hacia el ideal, es el tao de esa ética, que es ética porque implica también, al otro. Llevando esto hasta el extremo más concreto: si mi cosmovisión no porta la posibilidad de alterar la realidad en términos distributivos, mi ética, desprendida de mi ideal, porta el siguiente imperativo: "sostén este discurso, pues con él podrás perpetuarte, permanecer donde estás". Así veo al psicoanálisis, lo hacemos sabiendo que, si acaso es posible encontrar en él una ética, una teleología, es la inversa a la estaticidad, a la perpetuación del estado de cosas. A mi modo de ver, la ética que se puede desprender del psicoanálisis es la del deseo, de la metonimia, del deslizamiento, del avance. La estaticidad, la inercia, el retorno de lo igual, son patrimonio de Tánatos, de la pulsión de muerte. ¿No es tan tirado de las mechas, o sí?